¿Por qué me duelen los dientes con el frío o el calor?

 


Seguramente te ha pasado más de una vez: estás disfrutando de un helado en un día caluroso o tomando una taza de café por la mañana, y de repente sientes ese chispazo de dolor o destello molesto en un diente.

Es una sensación incómoda que dura solo unos segundos, pero que basta para quitarte las ganas de seguir comiendo agusto. Queremos decirte que es algo muy común y totalmente tratable. No tienes por qué acostumbrarte a comer de un solo lado ni a evitar tus alimentos favoritos. Hoy te explicamos con calma qué lo origina y cómo devolverle la tranquilidad a tu boca.

1. La causa real: ¿Qué le pasa a tu diente por dentro?

Para entender por qué aparece esa molestia tan punzante, imagínate que tu diente tiene un sistema de protección en capas:

  1. El esmalte (el escudo): Es la capa externa y dura del diente. No tiene sensibilidad y se encarga de proteger todo el interior.

  2. La dentina (la zona sensible): Está justo debajo del esmalte. La dentina está llena de diminutos tubitos microscópicos llenos de fluido que conectan directamente con el nervio del diente.

  3. El nervio (la pulpa): Es el centro vivo del diente.

Cuando el esmalte se desgasta por alguna razón, o cuando la encía se retrae un poco y deja al descubierto la raíz, la dentina queda expuesta. Al tomar algo muy frío, caliente, dulce o ácido, los fluidos dentro de esos pequeños tubitos se mueven rápidamente y estimulan directamente al nervio, enviando esa señal repentina de molestia al cerebro.

A esto se le conoce clínicamente como hipersensibilidad dentinaria.

2. ¿Por qué se expone la dentina?

Existen varios factores cotidianos que pueden hacer que perdamos parte de esa capa protectora:

  • Cepillarse con mucha fuerza: Usar un cepillo de cerdas muy duras o hacer demasiada presión al lavar los dientes desgasta el esmalte y hace que las encías se vayan recorriendo hacia arriba.

  • Apretar o rechinar los dientes (bruxismo): La presión constante al dormir o durante momentos de estrés genera microdesgastes en la base del diente.

  • El consumo de alimentos muy ácidos: Bebidas con gas, cítricos en exceso o aderezos muy fuertes pueden erosionar progresivamente el esmalte.

  • Empastes o resinas antiguas: Con el tiempo, los arreglos anteriores pueden desgastarse o desajustarse, permitiendo que la temperatura llegue más rápido al interior del diente.

3. ¿Cómo podemos solucionarlo?

La buena noticia es que no siempre se requiere un tratamiento complejo. Dependiendo del origen de la sensibilidad, existen soluciones sencillas y efectivas:

  • Pastas de dientes desensibilizantes: Estas pastas contienen componentes (como el nitrato de potasio o el fosfocilicato de sodio y calcio) que bloquean gradualmente los tubitos de la dentina para que los estímulos no lleguen al nervio. Funcionan muy bien cuando se usan de forma continua.

  • Selladores o geles de flúor en consulta: En el consultorio podemos aplicar un barniz protector de alta concentración que fortalece el esmalte expuesto y sella la zona desde la primera sesión.

  • Restauraciones o resinas suaves: Si la raíz quedó muy expuesta o hay un pequeño desgaste visible, colocamos una capita de resina del color de tu diente para cubrir la zona expuesta de forma permanente.

  • Guardas de descanso: Si notamos que el desgaste se debe a la presión de apretar los dientes por la noche, una guarda personalizada protegerá tus dientes mientras duermes.

4. Un pequeño consejo para cuidar tu sonrisa hoy

Mientras nos visitas para revisar tu caso, puedes aplicar estos sencillos cambios en casa:

  • Cambia tu cepillo actual por uno de cerdas suaves o ultrasuaves.

  • Procura no cepillarte inmediatamente después de comer algo muy ácido; espera unos 20 minutos para que la saliva neutralice el PH de tu boca.

  • Cepíllate con movimientos suaves, en lugar de frotar con fuerza de lado a lado.

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